Nuestra Comunidad Cabecar
Siempre en nuestros corazones
Nuestra Historia con la Comunidad Cabécar
Cuando llegamos en el año 2002, Dios nos permitió conocer a una comunidad que marcaría nuestra historia para siempre: la comunidad cabécar, uno de los pueblos indígenas más remotos de la zona de Turrialba y también uno de los que enfrentaba mayores necesidades.
En aquel tiempo existía mucho rechazo hacia ellos. No era común que los locales compartieran espacios con la comunidad indígena. Sin embargo, en La Misión encontraron algo diferente: encontraron casa. Encontraron acogida. Encontraron un lugar donde eran bienvenidos sin condiciones.
En el año 2005 recibimos la visita de tres pastores provenientes de la reserva indígena. Nos invitaron a conocer su tierra en lo alto de las montañas. El viaje fue inolvidable: dos horas en vehículo de doble tracción y luego cinco horas caminando por senderos estrechos, cruzando ríos caudalosos, avanzando entre montañas, algunas veces a pie y otras utilizando sistemas improvisados de cables para cruzar.
Esa primera visita nos transformó profundamente.
Descubrimos un pueblo resiliente, fuerte, con una historia de cientos de años en esta tierra y una cultura profundamente hermosa. No llegamos para llevarles el evangelio; ellos ya eran cristianos, tenían iglesias organizadas y liderazgo espiritual sólido. Pero sí enfrentaban enormes desafíos en necesidades básicas.
Desde 2005 hasta 2020 los visitamos constantemente, en ocasiones hasta seis veces por año. Durante esos años pudimos caminar junto a ellos en proyectos concretos:
– Construcción de acueductos
– Apoyo a la escuela pública
– Apoyo a colegios
– Fortalecimiento de la iglesia local
– Construcción de un centro comunal para reuniones cristianas y comunitarias
– Instalación de paneles solares para llevar electricidad
En cada visita llevamos donaciones de alimentos y recursos básicos. Pero la verdad es esta: aunque llevamos ayuda, ellos nos dieron algo aún más grande. Nos enseñaron resiliencia. Nos enseñaron sencillez. Nos recordaron el valor de la comunidad y la fe auténtica.
Les guardamos un cariño profundo.
En el año 2020, con el inicio de la pandemia, todo se detuvo. El gobierno restringió el ingreso a la reserva para proteger a las comunidades indígenas del virus. Desde entonces no hemos podido retomar las visitas como antes. Con el paso del tiempo, nuestras fuerzas han cambiado y nuestra visión también ha madurado.
Sin embargo, el amor permanece.
Algunas familias cabécares que viven fuera de la reserva nos visitan ocasionalmente. Cuando eso sucede, los recibimos como siempre lo hemos hecho: con abrazo, con mesa abierta y con disposición de servir.
Seguimos orando para que Dios abra nuevas puertas. Seguimos creyendo que aún hay caminos por recorrer. Y seguimos buscando maneras sabias y responsables de acompañar y servir a la comunidad cabécar en el futuro.
Esta historia no terminó. Solo está esperando su siguiente capítulo.




















