Una Canción de Adoración
La música ha sido parte del corazón de La Misión desde el principio. Antes de tener un lugar, antes de tener una comunidad formada, ya había canciones.

Desde hace muchos años, Héctor Soto y Daniel Montoya han escrito música como una respuesta sincera a Dios. Cada canción ha nacido en momentos de oración, de búsqueda, de gozo y también de lucha. Creemos profundamente que estas canciones no han sido creadas por esfuerzo humano, sino inspiradas por el Espíritu Santo.
La alabanza y la adoración no han sido un complemento en nuestro ministerio. Han sido un estandarte.
Cada canción ha nacido en momentos de oración, de búsqueda, de gozo y también de lucha.
CANCIONES QUE NOS ELEVAN
A lo largo de los años hemos escrito más de 50 canciones. Canciones sencillas, profundas, honestas. Canciones que cuando las cantamos juntos nos llevan al cielo, no por su perfección musical, sino por la intención del corazón con el que son ofrecidas.
Nunca hemos grabado estas canciones de manera profesional. Tal vez ese sea un sueño que aún espera su tiempo. Pero mientras tanto, no perdemos ninguna oportunidad de cantarlas, compartirlas y guiar a quienes nos visitan en un tiempo de adoración genuina.
Canciones que cuando las cantamos juntos nos llevan al cielo, no por su perfección musical, sino por la intención del corazón con el que son ofrecidas.
ADORAR JUNTOS
Creemos que Dios se mueve en medio de la alabanza.
A través de los años hemos sido testigos de muchos milagros: corazones sanados, cargas aligeradas, lágrimas transformadas en paz. Hemos visto cómo, cuando las personas con un corazón sincero levantan sus manos y su voz al cielo, algo profundo ocurre.
No buscamos un espectáculo.
Buscamos un encuentro.
La música en La Misión es una invitación a detenerse, a abrir el corazón y a expresar amor a Dios con libertad y verdad.
Hemos visto cómo, cuando las personas con un corazón sincero levantan sus manos y su voz al cielo, algo profundo ocurre.
UNA ORACIÓN CANTADA
Para nosotros, cada canción es una oración cantada.
Una forma de decirle a Dios quiénes somos y cuánto lo necesitamos.
Seguiremos cantando mientras tengamos voz.
Seguiremos adorando mientras tengamos aliento.
Porque creemos que la música une, sana y abre caminos donde antes no los había.
Y mientras haya alguien dispuesto a levantar su voz con fe,
la adoración seguirá viva en La Misión.